jueves, 19 de febrero de 2015

Érase una vez...

No, no es la serie de televisión. Hace mucho tiempo, rajaba bastante sobre lo que me sucedía con los vecinos que tuve la primera vez que me independicé con mi marido. Pues oye, acabo de desahogarme de una forma que me ha parecido cuanto menos, graciosa: a modo de capítulos, como una historia. Vamos a ello, y seguro que traeré más segundas partes, aunque de otros temas.

LAS BRUJAS DE LA FINCA

Con la ilusión, cogimos un piso nuevo, de construcción de apenas 5 años. Lo cogimos al momento porque estaba decente de precio, no teníamos vecinos a los lados (y se ve que llevaba así mucho tiempo) ni arriba y era una zona tranquila. Además era un primero con ascensor.

Primera pega: El Garaje fue una castaña.
Las plazas de garaje eran una mierda. El coche de mi marido apenas podía entrar ni salir y aún menos en su plaza de garaje. Así que menos mal que por fuera era una zona con mucho sitio libre.

Segunda pega: La ventana del comedor daba a un descampado.
Y no a uno cualquiera no, a uno dónde la gente iba a pasear a sus perros. Abrir la ventana era un suplicio, todo dios te veía, oías ladrar a los perros y por si fuese poco olías su mierda y su pis. Algunos venían debajo de nuestra ventana a ello.

Tercera pega: El calor nos asaba, nos asó y nos asaría.
Era invierno y nos asábamos de calor. El piso no estaba orientado hacia el exterior (por así decirlo) y no entraba nada de aire de fuera, si, ni en invierno. Si ya nos asábamos ahí en invierno, ni me imagino en verano.

Cuarta pega: Y llegaron los vecinos...¡los orcos de Mordor!
Nos llegaron vecinos al piso de arriba. Cuando la finca había estado más de un año sin gente ahí, ¡pum, se mudan un mes después que nosotros! ¡qué coincidencia!
Nosotros siempre intentamos no hacer ruido.

Quinta pega: Paredes de papel.
Así, con la llegada de los nuevos vecinos, nos dimos cuenta de que eran paredes de papel... y es que en cuanto te choques sin querer con una pared, se cae a cachitos la pintura. Se oye todo. Literalmente, todo.

Sexta pega: Los vecinos de arriba eran gilipuertas. 
Para empezar, la señora de la casa a parte de cantar como el culo, cantaba a grito pelado, se ponía los tacones muchas más veces y encima tenían un hijo que pataleaba como un terremoto.
Un día que mi marido vino cabreado del trabajo gritó para que se callara y solo lo hizo a la tercera. Después, fuimos las siguientes veces en persona para decirlo correctamente, amablemente, que bajara la voz y que tuviesen más cuidado a la hora de hacer ruido, que se oía todo. La chica parecía tener 31 años o similar... y cantaba siempre canciones de choni. En fin...

Séptima pega: Se armaban cada fiesta...
Resulta que este matrimonio treintañero con chaval eran todavía jovenzuelos a los que les gustaba la discoteca y el chumba chumba, pero como ahora tenían un hijo, no podían irse de fiesta. ¿Solución? ¡¡Montemos la fiesta padre en nuestro edificio!! Total, ¡las paredes son de papel, que lo oiga todo el mundo y hagamos una fiesta hasta las 4 de la mañana aunque la gente tenga que descansar o al día siguiente trabaje! Una vez salimos al descampado a verlo y efectivamente, se veía desde su ventana un montón de canis y chonis que eran amiguitos de ese par de gentuzas, bebiendo alcohol y fumando con el niño delante y la música a toda pastilla, con miles de jajas y jijis.
De hecho tuvieron bastantes quejas de los vecinos del edificio. Nosotros, los peor afectados (los teníamos arriba y se oía como si estuviese ahí mismo) también nos quejamos varias veces y estábamos hasta los cojones.

Octava pega: ¡Segundo infierno llegó!
Dos meses después (más o menos) y siguiendo sufriendo semana sí y semana también las discotecas encima de nuestro piso, se nos muda gente al lado. Se acabó la paz... Yo decía "seguro que nos la arman como las de arriba". Mi marido decía que tuviésemos paciencia. Una vez más, tuve razón (siento si suena a mucho ego, pero SIEMPRE tengo razón en este tipo de cosas...).
Un matrimonio que tenía un bebé. Dos perros. Y la madre de ella (¿¿quién querría vivir con la suegra en su casa en un piso que no caben más de 2 personas?? ¡si era super chuchurrio!).

Novena pega: Los perros y la bruja que la parió...
Para empezar, lo que más me chocó fue que la pareja se llamaban como nosotros (que vergüenza ajena me daban). Dejando a un lado eso, el piso nuestro y el suyo tenían terrazas pegadas prácticamente. Su feliz idea fue plantar, la primera semana durante todos los días enteros a los perros dentro de la terraza, llorando, ladrando y hasta meándose. Estábamos hasta los garbanzos de los perros. Imaginaos si estábamos con las ventanas abiertas. Directamente no podíamos, porque si abríamos las ventanas, sus gritos, sus conversaciones, los perros y las meadas de los perros. Olé.

Décima pega: ¡Ahora empieza el caos!
Resulta que el marido de la pava también es militar. Ok, entonces se podrá entender un poco mejor con mi marido, que lo es (aquel era soldado y mi marido es cabo, pero de compañías diferentes). Bueno, pues se armaban bastantes discusiones que oíamos siempre. A mi el tío me puso de los nervios porque empezó un día a gritarle a su bebé y ya pensé que hasta le agrediría o algo al pobre chiquillo. Luego estaba la abuela (la bruja) haciéndole carantoñas mil veces al día. No, no hay nada de malo en eso. Cuando te ve en la terraza colgando la ropa en el tendedero y empieza a hacerlo en voz muy fuerte y por lo bajito, murmurando, te llama algo que no consigues oír, molesta mucho.

Undécima pega: ¡CHAN, CHAN, CHAAAAAN!
De repente, unas noches, al lado de nuestro cuarto de matrimonio empezamos a oír una televisión a toda pastilla. Literal, parecía que estaba en nuestro cuarto. Durante 4 noches yo no pude dormir (literalmente). Así que mi marido fue a hablar con el otro a pedirle amablemente que por las noches bajaran el volumen de la tele o que viesen la tv en el comedor, que ahí estaba nuestro cuarto y a mi no me dejaban dormir. Fijaos que estaba alto, yo tengo los oídos muy finos, que hasta con tapones lo seguía escuchando...
Tres días sin tele. ¡Pude dormir tres días! Tus huevos.

Tras esos tres días, ¡volvió la tele! Y no solo lo habitual de perros, discusiones y demás gilipolleces, ahora en el resto de la casa de estos energúmenos ponían todo, música, televisión y demás a toda pastilla. Como si lo hiciesen adrede para molestarnos. Ahí empecé a aporrear la pared porque después de varias veces pedirles por favor que bajasen el volumen, no hacían ni caso. Bajamos hasta un programa de pitido molesto para joderles unas horas mientras estábamos fuera.

Ah, y juntad todo esto mientras los vecinos de arriba seguían con sus chupi-desmadres discotequeras. Que genial.

Duodécima pega: Y se masca la tragedia...
Luego llegó un día en el que yo estaba fatal, ya que prácticamente llevaba un mes entero apenas sin dormir (aprovechaba los pocos ratos dónde ninguno de los dos vecinos hacia ruido para dormir, y claro, en casa luego no se hacia apenas nada). Me desperté porque la pava de al lado volvió a poner música, esta vez mucho más fuerte de lo habitual. Fuí a aporrear de nuevo la pared con un "por favor, necesito dormir" gritando (estaba ya harta). Mi sorpresa fue que apagó la luz no sin antes darme otra sorpresa: empezó a rajar de mi desde su cocina (se oía desde la terraza) y hasta grabé todo lo que dijo (con la 3DS, pero se podía oír).

Y por cierto, el marido de esta pava dijo que era solo la suegra la que se pasaba esos días en la tele durante la noche, pero yo también le oí a el toser y hablar en ese cuarto. El muy hijo de fruta.

Capítulo final: Adiós con el dedo corazón. 
Cuando vino mi marido del trabajo, escuchó lo que yo había grabado y fue a hablar, de nuevo y amablemente, con los vecinos. Le respondió la suegra, LA BRUJA de toda esta historia. Mi marido empezó con un "por favor, mi mujer lleva un mes entero sin dormir por las noches y nunca bajáis el volumen de todas las veces que os lo hemos pedido amablemente" (lo recuerdo perfectamente). ¡Atención! La bruja empezó a insultarnos, llamarnos locos, energúmenos, gilipollas y de todo, echándonos a nosotros las culpas del ruido y de los golpes en la pared (WTF???), y que su nieto se despertaba por su culpa. En ese momento la señora estaba gritando y despertó ella al niño y le echó la culpa a mi marido, y dijo que nos iba a denunciar por ruido.

¿¿Y estábamos nosotros sufriendo durante cuatro meses enteros?? ¿WTF?

Mi marido se hartó, la bruja cerró de un portazo y quedamos en que aquí no aguantábamos más. No íbamos a tolerar que una vieja chocha, su hija estúpida y su yerno imbécil nos llamasen locos y encima nos denunciase a nosotros. Que les fo**en. Decidimos mudarnos porque no aguantábamos más en esa situación.

Por si fuese poco, entre esos días buscando por internet piso, como he dicho en nuestro comedor hay un descampado. Bueno, pues debajo de nuestra ventaja se pusieron dos chavales, un cani y su amiga choni, con los móviles a toda leche, fumando y escupiendo. Nosotros les dijimos que por favor se fueran a otro sitio, que estaban debajo de nuestra ventana y molestaban. Así cuatro veces. A la quinta mi marido se cabreó, cogió un vaso de agua y se los echó encima, estropeándole el móvil a uno de ellos (al cani). Bajamos en seguida la persiana y el muy capullo se quedó con las ganas, pero le pegó una buena patada a la persiana. Da igual, la iba a pagar la dueña igualmente... Pero joder, a mi me apetecía lanzarles huevos podridos, vinagre ardiendo o algo peor. Tendría que haberles echado hielo en piedras. Hubiese molado más. ¿No podían haberse ido a otro sitio en vez de debajo de nuestra ventana? ¿Por qué no os vais a la ventana de mis vecinos de al lado, que son unos hijos de perra?

Epílogo: ¡Fuera, fuera, fuera; hasta nunca!
Por fin encontramos un piso (el actual) decente y decidimos mudarnos. Cuando vino la dueña con nosotros para comprobar el estado del piso, la señora vecina loca bajó con sus dos perr... un momento, ¿quién es ese tío que baja con ella con otro perro? Resulta que o es su hermano, un pariente, o son una pareja liberal o es el amante y el tío no sabe nada o si lo sabe. Es decir, si cinco personas ya era un horror en ese piso, imagínate con 7... no caben.
La cara de la dueña de la finca fue de cuadros...

Pero como el piso ese estaba alquilado por alguien que lo compró hace tiempo, ahí ya apenas podía hacer nada, pero si, le dijimos que habíamos oído muchas veces a los perros arañar puertas y mearse en las paredes de la casa y la terraza (bueno, ya me entendéis con lo de oírse). Como dueña de la finca no debió de sentarle muy bien, no.

Y por fin, ¡POR FIN! Nos cambiamos de piso.

CONCLUSIONES:
Pero que poca consideración tiene la gente, de verdad. Por eso odio tener vecinos (desde pequeña siempre he tenido problemas con los vecinos). Aunque tu (mi caso) bajes el volumen de la tv que apenas la escuches para que no se molesten los vecinos, o evites dar golpes o hacer "obras" temprano o por la noche, todos los de tu alrededor nunca tendrán esa consideración. Y me da muchísima rabia.

Los pisos de construcción nueva son una mierda. Los conductos de aire acondicionado son horribles, lo que hacen es llevar todavía más el sonido por toda la casa. Las paredes las hacen de papel (de hecho todos los pisos de construcción nueva que vimos para mudarnos una segunda vez eran iguales, y se notaba que nos pasaría lo mismo). Mejor los viejos. Gotelé en su mayoría, que es dura. El piso de mi abuela tiene años y el sonido apenas se nota de otras cosas ni de las afueras. En este igual, pero lo malo es que vivimos en pleno centro con una iglesia de gitanos detrás y... en otro momento lo cuento. ¡Pisos viejos SIEMPRE! (pero de paredes buenas y que no se caigan a pedazos, claro).

Y colorín colorado, esta realidad pasada ya se ha acabado.

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