jueves, 14 de agosto de 2014

Odio: las ancianas pesadas

Ejem, sí, me ha pasado hace una hora y media y quería desahogarme.
Bien, he tenido que hacer un pedido a domicilio al Mercadona, y hoy era la fecha de entrega de seis a ocho de la tarde. Hasta aquí genial, claro, ha venido a las siete y poco y sin problema ninguno.

Pues cuando el repartidor estaba dejando las cosas en el patio de mi casa, a aparecido una vieja (normalmente soy educada, pero la tía se pasa de pelmaza), una señora mayor que le ha tachado de "¿aquí no vivía un soldado?" (mi marido es militar) "¿no le estaréis engañando, no?"... VAMOS, HOMBRE, tener que aguantar esto. Señora, ¿y a usted que le importa? ¿No ve qué es el repartidor del mercadona que me está dejando unas cosas? Vamos, que me había tachado de... cornuda, que tenía un amante y en plena calle y en todo el patio de mi casa, como si nada. Me he quedado con una cara a cuadros, y el repartidor ha tenido que decirle que era el repartidor, pese a las evidencias del uniforme, la furgoneta y la carretilla que llevaba cargando.

Pues bueno, la señora, como otras muchas veces siempre que me la encuentro saliendo o entrando de mi casa (sobre todo con mi marido), se me ha puesto a hablar de la vida de su nieto... que es militar también y que no sé qué, no sé cuanto... se había puesto justo en todo el medio de la entrada del patio de mi casa sin dejar pasar al repartidor, ahí como un monigote esperando a que la mujer se apartase para dejarme un buen puñado de botellas de agua de las grandes. Y la mujer ahí, siguiendo contándome cosas de su nieto militar que ni me van, ni me vienen, y que me dan igual (mi marido es militar, pero no por eso me voy a enrollar y contarle a todo el mundo que también tiene un familiar militar lo que hace el mío, no te *ode).

En fin, amablemente el repartidor ha pasado por al lado de la señora como ha podido y ha dejado la botella. Yo asentando a la vieja, pero ella erre que erre. Cuando se iba el repartidor me ha puesto una cara de "suerte maja, que tienes tela para rato", con una cara de pena qué... sí, hijo, sí, digo lo mismo. Que tía más plasta. Ha estado otros 5 minutos en mi puerta hablándome de su puñetero nieto, que es sargento y que quiere ascender más y blablabla, pero y a mi que me importa...

De hecho, he intentado hacerle ver, de forma educada, cerrando poco a poco la puerta del patio, que tenia prisa y que quería subir las cosas, entre ellas congelados, a mi casa, que quería ir a hacer la cena, que sé yo, y la señora con su bastoncito lo ha puesto entre la puerta y la ha apartado para seguir hablando. Ufff... hay veces que pienso que ojalá no tuviese tanta paciencia ni fuese tan buena persona, pero de ahí a hoy, considerarme tonta por no decirle a la cara que si yo no conozco a su nieto no tiene porqué contarme nada y que tengo prisa... tiene narices. La próxima vez le cierro con la puerta en las narices, la señora entrometida pesada.

Luego los malos somos los jóvenes que "no respetamos a los mayores". Pues que me respeten ellos a mi también. No tengo porque escuchar la vida privada de nadie que no conozco y no me importa, menos si viene de alguien que no conozco aún menos. Leches. Y vete a saber si irá largando por ahí que "me ha visto con un tío del mercadona"... que las marujas son muy malas y encima lo dirá a mal para que se malinterprete o vete a saber (vivan mis paranoias). Venga va, que tiene narices la cosa. Me ha crispado mucho la señora.

Siento el tocho y el latazo. Un saludo.

PD: Esta señora me recuerda a mi suegra. Si alguien le dice que tiene un familiar militar, también le suelta el rollazo de más de media hora de que su hijo es militar, trabaja en tal, trabaja en cual, está casado con no sé quién, blabla. Oh dios mio, ¡¡veo clones de mi suegra!!

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